Iglesia de San Bartolomé

iglesia BARTOLOMÉ SAN D E

iglesia BARTOLOMÉ SAN D E

Este templo, que desde 1836 acoge a la parroquia de San Bartolomé, fue consagrado en 1714 como iglesia del Colegio de la Compañía de Jesús en Pontevedra. Ahí terminaba un largo proceso iniciado en 1635 con la llegada de los jesuitas a Pontevedra que convertirá a la ciudad en la cuarta sede jesuita existente en ese momento en Galicia, después de las de Monterrei, Monforte y Santiago de Compostela. LA LLEGADA DE LOS JESUITAS En 1635 los jesuitas llegan a Pontevedra precedidos de su gran fama como educadores de los jóvenes de la época. Por ello varias familias nobles solicitan al Concejo la construcción de un Colegio para albergar dicha orden religiosa, lo cual habría de suponer un fuerte desembolso económico. Ante esta circunstancia, varios señores hidalgos de la villa solicitan al licenciado Jorge de Andrade (rico sacerdote pontevedrés afincado en aquel momento en Perú) una aportación que permita comenzar las obras del colegio y una iglesia anexa a éste. Accede este a la petición y en 1640 envía una importante suma de dinero. A pesar de esto, las obras se demoran y no será hasta 1650 cuando el Concejo de la ciudad, en reunión abierta, tome el acuerdo que autorice esta construcción aunque finalmente será en 1653 cuando se haga oficial la designación del lugar donde se levantará el conjunto del Colegio de la Compañía de Jesús en Pontevedra, junto a la expropiación de dieciséis casas habitadas que en él existían. Se trataba de un amplio solar situado en el interior de la muralla de la ciudad en un lugar conocido como el Berrón o Borrón, fronterizo con el río Lérez. Una vez obtenido el terreno, el 22 de junio de 1653 se procedió a firmar la escritura para la fundación de la Orden de San Ignacio de Loyola en Pontevedra. En 1654, los jesuitas construirán, en poco tiempo, una pequeña casa y una capilla que serán inauguradas en el mes de septiembre de ese mismo año. Pero será en 1655 cuando esta llegada reciba su impulso LLEGADA DE LOS JESUITAS Y CONSTRUCCIÓN DEL EDIFICIO

definitivo, debido a la importante donación que efectuará don Antonio Mosquera Villar y Pimentel, conde de Aranda y su esposa (matrimonio muy afín a la Compañía de Jesús), los cuales serán reconocidos como fundadores efectivos del establecimiento jesuita en la ciudad. LAS OBRAS La construcción del Colegio tendrá su inicio en 1685 y estará a cargo de Pedro de Monteagudo Piñeiro y Taboada, famoso arquitecto gallego de la época, originario de Terra de Montes y al cual se le atribuye una importante participación en las obras de monasterios gallegos como Sobrado de los Monjes, Celanova, u Oseira y que, al mismo tiempo que en Pontevedra, trabaja en otros lugares de la zona, destacando entre ellos, la Iglesia del Monasterio de Poio. El modelo que seguirá para la construcción del edificio será el Colegio que la Compañía tiene en Roma. En 1691, será iniciada la obra de la iglesia. El templo será construido según el modelo que la Compañía de Jesús acostumbra a seguir: – Planta de salón con tres naves – Tribuna con galería – Crucero cubierto con cúpula de media naranja sobre pechinas – Capilla mayor entre dos sacristías Toda la obra presenta un fiel seguimiento de las iglesias jesuitas hasta el punto de que apenas encontramos rasgos que puedan identificarse como personales del arquitecto. En los primeros años de 1700 fallece repentinamente Pedro de Monteagudo, en un momento en que el interior del templo se hallaba ya muy avanzado y ya se estaba trabajando en la fachada principal. Precisamente será en esta donde parece se puedan hayar las últimas obras realizadas por el arquitecto: dos escudos con las armas de los Mosquera, por ellos encargados, junto con otros seis que ya no pudo realizar. Tras su fallecimiento las obras continuarán durante 14 años más hasta la consagración del templo en el mes de agosto de 1714. Esta fue celebrada en la ciudad por todo lo alto, con festejos que duraron tres días: el día 11 por la tarde tuvo lugar una corrida de toros; el 12 se realizó la procesión del Santísimo, con tirada de fuegos, y la bendición de la iglesia y el 13 se ofició en el templo una misa solemne. Años después, y tras la expulsión de los jesuitas en 1767, la iglesia presenta las primeras muestras de una deficiente cimentación, decidiéndose, en 1796, la construcción de cuatro grandes contrafuertes adosados a su lado oeste y que son conocidos aún hoy en día como

arcos de San Bartolomé. Serán realizados por los artistas locales José Gamallo y Francisco Maquieira. Estos problemas se verán agravados debido a las características del terreno sobre el que está el edificio dando lugar a que en 1813 haya amenaza de ruina sobretodo en una bóveda situada bajo el campanario. Posteriormente entre 1871 y 1879 habrá que acometer importantes obras para reparar la cúpula y de nuevo la misma bóveda. Ya en el siglo XX hubo una nueva amenaza de derrumbamiento, habiendo que llevar a cabo una compleja obra entre 1976 y 1978 a cargo del arquitecto pontevedrés Enrique Barreiro encargado de restaurar íntegro el templo y recalzar sus cimientos. En 1998 tuvo lugar la última intervención con una obra de reparación de las cubiertas. LA FACHADA PRINCIPAL Al igual que el resto del templo, se basa en la Iglesia que la Compañía de Jesús tiene en Roma. El arquitecto Monteagudo la distribuye en dos alturas y tres cuerpos bien definidos: Altura inferior. Se presenta distribuida en siete calles delimitadas por seis enormes columnas sobre base y rematada por una cornisa que lo separa del cuerpo superior. En la parte central se dispone en altura con puerta acodillada, rematada con un frontón partido en cuyo centro se sitúa una hornacina que alberga la imagen de la Inmaculada, mientras en los intercolumnios próximos a la puerta aparecen dos escudos con las armas de los Mosquera (bajo los cuales aparecen dos hornacinas vacías), y ventanas en los situados a continuación. Estos dos escudos referidos son las últimas obras realizadas por el arquitecto antes de su fallecimiento. Altura superior. Está dividida en su parte central en tres calles con dos torres campanario a los lados, mientras que un frontón partido aparece a modo de remate. La calle central tiene como elementos, un gran ventanal y sobre él, el escudo pequeño del Rey de España con Toisón de Oro, flanqueados ambos elementos por una columna sobre base a cada lado.

EL INTERIOR DEL TEMPLO Esta iglesia, adaptación a Galicia de modelos barrocos jesuíticos provenientes de Italia, nos presenta una planta rectangular compuesta de tres naves de tres tramos y crucero con capilla mayor entre dos sacristías. La nave central, los brazos del crucero y la capilla mayor están cubiertos por bóvedas de cañón. A los lados se abren las naves laterales con arcos de medio punto y cubiertas de bóveda de aristas. Sobre ellas se sitúan tribunas con grandes ventanas y barandillas de rejería. Su interior nos ofrece un magnífico conjunto de once retablos, de los cuales ocho son barrocos (pertenecientes a la etapa jesuita de la iglesia) y buenos ejemplos de la escuela compostelana del primer tercio del s. XVIII. LA PLANTA 1 2 2 3 4 5 6 7 8 9 11 12 10 Altar del Sagrado Corazón Retablo de la Milagrosa Retablo del Santo Cristo Retablo de la Virgen de la O Retablo de Santa Catalina Retablo de la Magdalena Retablo de San Juan Retablo de la Virgen del Rosario N A V E L A T E R A L (Lado de la Epístola) N A V E C E N T R A L N A V E L A T E R A L (Lado del Evangelio) C R U C E R O Retablo de la Soledad Retablo de la V. del Carmen Sacristía Sacristía C a p i l l a M a y o r Retablo del Altar Mayor

ALTAR MAYOR Y CAPILLAS DE LA CABECERA 1. Retablo mayor. De autor anónimo, lo encontramos situado en la capilla mayor del templo. Se trata de un retablo barroco del siglo XVIII, cuya pintura y dorado fueron contratados en 1726, por 25.000 reales al pintor compostelano Juan Antonio García de Bouzas. Se dispone en tres cuerpos y tres calles en cada uno: Cuerpo superior. Es la parte del retablo más decorada y está presidida en su tabernáculo central por la figura de San Ignacio de Loyola sobre una peana, obra del siglo XVII de la escuela castellana. Esta parte del retablo fue desafortudamente transformado en 1970. Cuerpo central. En él nos encontramos delimitadas tres calles por columnillas sobre base y con capitel, que dan lugar a un espacio central presidido por la figura de Nuestra Señora de la Concepción y del Buen Consejo, talla de escuela vallisolitana del siglo XVIII. Esta advocación era la que presidía el retablo en la época jesuita y que tras la expulsión de estos y el cambio a parroquia de San Bartolomé, hizo que este retablo pasase a estar presidido por este santo. En las calles laterales aparecen las figuras de Santa Escolástica (en la derecha) y San Agustín (izquierda), fechadas en el siglo XVIII y que ya se encontraban en la iglesia en la etapa jesuita. Ambas proceden del palacio de San Román. Cuerpo inferior. Es el de mayor tamaño de todo el conjunto y sus calles están marcadas por cuatro grandes columnas salomónicas con base decorada y capitel. En el centro, la imagen de San Bartolomé, talla de A. Rivas (escuela compostelana), de 1921 y que preside el altar. Bajo el encontramos en un crucifijo de marfil con la figura de Cristo agonizante que perteneció en su día al oratorio del palacio de San Román. De origen filipino y datado en el siglo XVIII fue legado por la vizcondesa de Fefiñanes en 1892 a la parroquia. A la izquierda, la figura de Santa Rita de Casia, obra también de A. Rivas de 1924. Bajo ella una pequeña imagen hecha en madera policromada de Santiago Apóstol del siglo XVII, atribuida a José Gambino. En la derecha, aparece la figura de San Antonio de Padua datada en 1924 y obra de A. Rivas y debajo esta la figura de San Francisco de Asís, atribuida al escultor Ferreiro y realizada en el siglo XVII. En las paredes situadas a los lados del altar mayor encontramos en ambas una misma disposición en tres alturas: – Inferior: en él se sitúan las puertas de entrada a cada sacristía. – Media: presenta a cada lado una hornacina con peana que alojan las figuras de San Francisco de Borja (en madera policromada, del último tercio del siglo XVII de anónimo

vallisoletano), en el lado derecho y de San Francisco Javier (también en madera policromada y del último tercio del siglo XVII de anónimo vallisoletano) en el lado izquierdo. – Superior: con un balcón con barandilla de rejería a semejanza de las tribunas que aparecen sobre las naves laterales. 2. Sacristías 3. Retablo de la Soledad. De autor anónimo, datado hacia 1729, estuvo dedicado en la época jesuita a Nuestra Señora de los Ángeles. Hoy acoge la figura de la Virgen de la Soledad, imagen del siglo XIX de autor anónimo y que participa en la procesión del Jueves Santo de la ciudad. 4. Altar del Sagrado Corazón. El comienzo de su obra tiene lugar en 1704 cuando la familia Mosquera quiso realizar aqui un sepulcro que acogiera los restos de los benefactores del templo y sus sucesores inmediatos. Este sepulcro lo forman el nicho central con un par de columnas dóricas a cada lado y lo coronan un entablamento decorado y un frontón partido que tiene en el centro un corazón en relieve mientras en la pared hay una orla vegetal que en tiempos debía contener el escudo de dicha familia. Sin embargo, poco después y por razones que se desconoce, los restos se retiraron y fueron trasladaos a un nicho situado sobre la puerta de la sacristía. En 1737, al fundarse la Congregación del Sagrado Corazón, los jesuitas decidieron construir en este lugar un altar barroco de madera dorada dedicado a dicha advocación, muy difundida en ese momento por toda España. Años más tarde los entonces patronos de la capilla, don José Mariño de Lobera y doña Francisca de Paula mandaron hacer un altar de piedra situando sobre él un retablo barroco de madera que hacia 1886 fue sustituido por otro ecléctico similar al de la Virgen del Rosario. Durante la última restauración de la iglesia (1976-1978), los restos de los Mosquera fueron respuestos a su sepulcro, situándo sobre él una nueva imagen del Sagrado Corazón, mientras que el retablo de madera fue trasladado a los pies de la nave, encontrándose hoy en el altar bajo la advocación de la Virgen de la O.

5. Retablo de la Milagrosa. Fechado en el primer tercio del siglo XVIII y de autor anónimo de la escuela compostelana estaba dedicado a San Francisco de Borja en la etapa jesuita. Está presidido por la imagen de la Virgen de los Milagros, talla del siglo XX. A su lado se disponen las imágenes de San José (siglo XX) a su derecha y San Pascual Bailón también realizada en el siglo XX, a su izquierda. 6. Retablo del Santro Cristo. Es uno de los que mantiene su advocación respecto a la época jesuita y es de autor anónimo del segundo tercio del siglo XVIII. Presenta tres tallas de gran valor: el Cristo crucificado del siglo XVIII, con rasgos arcaístas; a sus pies podemos contemplar una curiosa representación de las ánimas de estilo popular fechada en el siglo XVII; a los lados del Cristo encontramos dos bustos de medio cuerpo que representan al Ecce Homo (lado derecho) y la Dolorosa (lado izquierdo), ambos atribuidos a la escuela de Pedro de Mena y datados en el siglo XVIII. 7. Retablo de la Virgen de la O. Nos encontramos ante un retablo ecléctico que sustituyó hacia 1886 al que en ese momento se encontraba en el altar del Sagrado Corazón. En la última gran reforma del templo entre 1976 y 1978 fue trasladado y adaptado al lugar donde hoy lo encontramos. Alberga la figura de la Virgen de la O, patrona de la ciudad de Pontevedra, talla del siglo XVII. A sus lados y ya fuera del retablo encontramos dos tallas de gran valor artístico: San Antonio Abad (izquierda), figura de vestir también de madera policromada del último tercio del siglo XVIII atribuido a Benito Silveira y Santiago Peregrino (derecha), realizado en madera policromada por Pedro do Campo a finales del siglo XVII. 8. Retablo de la Virgen del Carmen. Retablo barroco cuya construcción data de enero de 1729 por el artista redondelano Antonio del Villar, que estuvo dedicado a San Ignacio en la etapa de los jesuitas, mientras que la pintura es de los hermanos Juan y Miguel García de Bouzas. Está presidido por la imagen de la Virgen del Carmen, talla de tamaño natural del siglo XX de la escuela castellana. 9. Retablo de la Virgen del Rosario. Estamos, junto al ya reseñado de la Virgen de la O ante el segundo de los retablos eclécticos del templo. Fue realizado en el año 1886 por autor anónimo y cobija la figura de la Virgen del Rosario, talla de vestir del siglo XVII, que procede de la antigua iglesia de Santo Domingo.

10. Retablo de Santa Catalina. Altar barroco dedicado antiguamente a San Francisco Javier hasta la expulsión de los jesuitas en 1767. Realizado en el primer tercio del siglo XVIII por autor anónimo. En el centro la figura de Santa Catalina, del siglo XVIII y a ambos lados, San Nicolás de Bari (izquierda) y Santa Lucía (derecha). 11. Retablo de la Magdalena. Otro ejemplo de altar barroco realizado en el primer tercio del siglo XVIII por autor anónimo y que es de los pocos que conserva la misma advocación de la etapa jesuita del templo. Lo preside una figura de la Magdalena penitente, talla de madera policromada del último tercio del siglo XVII muy probablemente de la escuela de Pedro de Mena. Sobre ella una talla de Cristo en la transfiguración, obra del siglo XVIII. 12. Retablo de San Juan Bautista. Otro de los retablos que mantienen su dedicación de la anterior etapa de la iglesia, fue realizado en el segundo tercio del XVIII. Presidida por la imagen de San Juan Bautista, talla de anónimo compostelano del siglo XVII. A su lado, San Blas (izquierda) y Santa Apolonia (derecha), imágenes de vestir, ambas del siglo XVIII.

DI SEÑO Y MAQUETACIÓN DI SEÑO Y MAQUETACIÓN © . D E iglesia BARTOLOMÉ SAN Iglesia de San Bartolomé Calle Sarmiento, 51 Tlf.: +34 986 851 375 36002 Pontevedra 42º 25' 59.0" N - 8º 38' 33.0" W

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